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LA SALUD DEL LIDER CUBANO : CLAUDIA FURIATI, BIOGRAFA DEL PRESIDENTE CUBANO

Matilde Sánchez

El Clarín - 14/ago/2006

"Fidel no teme a la muerte: teme que en Cuba no siga la Revolución"
Lo afirma la autora de "La historia me absolverá", una biografía "consentida". Dice tener "información fehaciente" de que no tiene nada maligno.

La famosa transición es un proceso que comenzó hace tiempo en La Habana. Hace años que Fidel está compartiendo el poder a nivel de la gestión cotidiana. Hay muchas actividades que están en otras manos, por ejemplo en las de Carlos Lage, quien lleva tiempo cumpliendo funciones de primer ministro. Tampoco creo que haya una lucha de poder en Cuba, sino, por el contrario, una distribución de papeles. En rigor, se trata de un gobierno colegiado."

Quien opina así es la periodista brasileña Claudia Furiati, autora de una exhaustiva biografía que por primera vez abreva en los archivos privados del presidente cubano. "La historia me absolverá" salió en portugués a fines de 2001 y aunque ha sido traducida en Plaza & Janés, nunca llegó a Argentina. El título, que cita el alegato hecho por Fidel Castro tras el ataque al Cuartel Moncada, en 1953, refleja las convicciones de la autora y su "relación de cariño con la Revolución Cubana". Aunque desmiente que se trate de una versión oficial, explica que sí es "una biografía consentida" por el comandante. De hecho, ella pensaba estar celebrando un cumpleaños en La Habana pero su ticket aéreo ya fue cambiado para los festejos de diciembre. Aún así, la obra nunca contó con una lectura crítica del biografiado. La obra no ha sido distribuida en Cuba ni ha sido traducida al inglés.

Furiati inició su investigación a comienzos de los años 90 y pasó en La Habana cinco años, los más negros del "período es pecial". Fue la primera en acceder al archivo personal de Fidel, con documentos y fuentes escritas, que fuera custodiado por Celia Sánchez, compañera de Fidel en la Sierra Maestra, jefa del despacho presidencial y confidente suya hasta su muerte, en 1979. Aunque Claudia solía coincidir con el mandatario cubano en ceremonias oficiales, sólo se reunió a solas con él en cuatro ocasiones. Sus mejores fuentes familiares, explica, fueron sus tres hermanos, por lo cual también conoció mucho a Raúl Castro.

Su libro reveló que en verdad cuando estuvo ausente del poder en 1997, Castro fue tratado de una diverticulitis.

—Sí, en esa ocasión quedó internado casi tres semanas y se curó con una dieta y medicinas. Recuerdo que la situación era semejante a ésta: enseguida cundían rumores alarmistas de Miami. Los diarios europeos también aseguraban que padecía de Parkinson, lo cual era inexacto. Los ocasionales temblores de manos se deben a secuelas de la diverticulitis en el sistema nervioso. Ahora sabemos que tuvo una cirugía en el intestino. Mi conclusión es que se trata de una evolución de la misma enfermedad. Tengo información fehaciente de que no tiene nada maligno. Su médico sigue siendo el clínico Eugenio Sellman, asesorado por un equipo de especialistas.

En la isla, los chistes y chismes entorno a la salud y la inmortalidad de Fidel ocupan enciclopedias. Durante años se dijo que dormía en una cámara hiperbárica.

—Sin duda hay muchos chismes ridículos. La cámara no otorga juventud sino que sólo se usa en el tratamiento de casos graves.

¿Cómo son sus hábitos de vida?

—Nunca, hasta la vejez, gozó de un sueño de ocho horas. Es un hombre de naturaleza nocturna. Como secuela de su vida guerrillera y la clandestinidad, incluso por temas de seguridad, siempre durmió poco. Aprovechaba la noche para leer y hacer ejercicio físico. También le gusta conversar de noche y antes solía ponerse a cocinar de madrugada. Siempre durmió de a ratos durante el día, en los viajes por el interior en su auto blindado y oscuro, como un niño. Pese a su mente muy matemática, tiene un temperamento impetuoso. Es un hombre de extremos, de una gran virilidad que fluye de él naturalmente como parte de su energía.

Algunos anticastristas insisten, con el fin de desacreditarlo, que Raúl Castro es un hijo bastardo, de la misma madre y el general.

—No es cierto. Me cansa pero lo diré una vez más. No todos los chismes son contrapropaganda, aunque hay mucho de eso, como en este caso. Hay registro de nacimiento de Raúl. Al igual que Fidel y los otros hermanos, son hijos de Lina y Angel. Mire, el chisme de Raúl más revelador es que desde muy joven lo llamaban El Chino por su simpatía por el maoísmo. Eso nos sirve para interpretar el presente, no porque Cuba vaya a ser la China del Caribe, pero sí para confirmar que él, desde joven un comunista convencido, tiene gran flexibilidad. Es muy comunista y a la vez muy progresista, no tiene nada de conservador. Su flexibilidad pragmática la demostró en el período especial, cuando organizó las cooperativas agrícolas y dio el giro empresarial a las Fuerzas Armadas.

Ya volveremos a Raúl. Hablemos ahora de los amores del presidente cubano. La primera imagen de Dalia Soto del Valle, su esposa, se tuvo en 1999. ¿Qué puede decir de ella?

—Dalia y el comandante se conocieron en los años sesenta pero sólo se casaron cuando Celia murió. Para mí es evidente que hubo una división de atenciones, funciones y tareas entre su esposa y Celia. Dos mujeres se consagraron a este hombre. Pero no creo que se haya tratado de bigamia en absoluto. No pude confirmar si hubo una relación carnal entre él y su secretaria; puedo suponer que la hubo, porque fue una unión amorosa muy fuerte y pasaban muchas horas solos. Sin duda, Celia fue la mujer más importante en la vida del comandante, por su participación en su vida de guerrillero, en su ascenso y como estadista. Y ya ve usted, hasta ha sido su memoria.

¿Y cómo es la madre de sus últimos cinco hijos?

—No la conozco. Tampoco se me permitió entrar en la residencia de Jaimanitas, en una playa de los suburbios, donde la familia vivía en los 90. Hice mi libro en pleno respeto de mis límites. Siempre trataba de forzarlos, claro, pero daba un paso atrás cuando la cosa se ponía brava. Además, muchas veces no me daban respuesta a una pregunta y ésta llegaba por otro canal un año después. Tardé un año en saber los nombres de sus hijos, Antonio, Alex, Alexis, Alejandro y Angel.

Por momentos Fidel emerge de los fervores y el odio con un rango casi sobrehumano. ¿A qué le teme; tiene alguna creencia religiosa?

—Mire, no es un hombre que le tema a la muerte; sí teme mucho que Cuba no siga el camino de la Revolución. Y aunque existe una guardia de santeros voluntarios que vela por su salud, no cree en santos, ni mestizos ni ortodoxos. Es un materialista hasta el fin. Pero durante años en su despacho, junto a la imagen del Che tenía una ilustración de San Ignacio de Loyola, fundador de la orden jesuítica, el sacerdote de la reeducación espiritual.

Usted conoce bien a Raúl, cuéntenos.

—Los hermanos coinciden en que desde niño tuvo una personalidad conspirativa; lo recuerdan intrigante, aunque sólo por broma. Esto debe haber ayudado a su mente estratégica. Su madre tenía muchos problemas con él; a diferencia de Fidel, no era obediente ni disciplinado. Pero Raúl siempre fue muy leal, supo quién es su hermano, nunca compitió con él; siempre aceptó ser el segundo, diría que le gusta su papel. El tiene presente que no se puede copiar modelos extranjeros y es consciente de que no tiene la dimensión histórica de su hermano ni la del Che Guevara.

¿Diría que es más realista? Se le atribuye a Raúl una frase crítica en pleno período especial, "son más importantes los frijoles que los cañones".

—A él le importan ambas cosas por igual. Tiene el control total de la defensa cubana. En cuanto a los motivos de que no haya aparecido (ndR: ayer se dejó ver por primera vez desde que asumió el poder) es que él, tanto como Fidel, siempre se han preservado por seguridad.