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Resenha de Vasco Martinez, Buenos Aires

"Revista de Derecho Penal y Procesal penal" nro. 14,
octubre de 2005, Buenos Aires, lexis nexis (pag. 1656 y 1657)

Reseña de HISTORIA DE LOS PENSAMIENTOS CRIMINOLOGICOS

Publicada en la Revista Lexis Nexis, de Buenos Aires

Por Juan Vasco Martinez

Prof. Adj. Fac Cs.Ss. UBA, Prof. Adj. Maestria en Criminología UNLZ

Supongo que no resultaría demasiado ortodoxo limitar la reseña de un libro a unos pocos renglones donde se diga que es tal vez el mejor manual de historia de la cuestión criminológica publicado en lengua castellana hasta ahora y que, como dicen los vendedores ambulantes, resulta imprescindible para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero interesados en la temática.

Tan impresentable puede ser que quien la reseña prosiga afirmando compartir la opinión que vierte Raul Zaffaroni en el prologo en cuanto a que es el libro que le hubiera gustado escribir y multiplicando el comentarista su obsecuencia respecto al prologista y al libro suscriba y cite el final del referido prólogo diciendo que "se trata de una obra que estabamos esperando hace mucho porque la necesitabamos desde mucho antes".

Es extraordinariamente difícil desde este punto continuar escribiendo. Siento que traicionaría a la obra y al autor si me limito a reseñar el contenido en una suerte de índice glosado y por ello prefiero decir solamente que todo lo relevante para tener un cabal conocimiento de la evolución del pensamiento criminológico y de la cuestión criminológica es tratado en forma original, clara, profunda y (gracias !!!!) amena por Anitua.

No es una "enciclopedia del conocimiento criminológico" como alguna voluminosa obra muy respetada por estos lares, es un libro que opina y toma posición, pero que, sobre todo, historiza realmente el conocimiento criminológico.

No se limita a presentarnos un mapa cronológico, o una batería de elementos significativos de los distintos discursos, sino que se adentra en las prácticas no discursivas, en los modelos de racionalidad subyacentes y en el contexto económico, político y cultural en el que aparecen aquellos.

Que arranque en 1215 trasciende el viejo debate de cuándo empezamos a hablar de conocimiento criminológico y que distiguía al pensamiento progresista al arrancar su viaje desde el fin de la noche en la Ilustración y no desde el positivismo criminológico, como hacían las concepciones reaccionarias (admítaseme la licencia).

Anitua sabe y nos lo cuenta apasionadamente, que si pretendemos entender el ejercicio del poder que se manifiesta en las politicas de control social duras, debemos adentrarnos en los procesos de contrucción de realidad que han venido configurando y "construyendo" las verdades de la ciencia y (con ello) a los clientes de las instituciones.

El "criminal nato" (y después hablaremos de mi paisano Mariano Cubí) no nació del manoseado cráneo de Vilella, había transitado un largo y cruento viaje desde la herejía, pasando por el libertinaje y la locura, terminando su camino (gracias siglo de las luces y la razón!!!) con la identificación pobre-delincuente, en un tránsito histórico del que habitualmente nos olvidamos, y que Anitua nos hace recorrer con extraordinaria precisión.

No es casual (como diría una añeja expresión sesentista) que buena parte de las mejores explicaciones clásicas de las políticas de control social provengan de autores formados en areas del conocimiento poco representadas como vinculadas con el presunto objeto de estudio de la criminología.

Anitua rescata del habitual olvido (como a tanto otros) al Adam Smith criminólogo, a ese que en sus "Lecciones de Jurisprudencia" nos traza una suerte de mapa genético de su proyecto de políticas de control social duras cuando nos dice que "Las leyes y el gobierno, y esto es un hecho en todos los casos, pueden ser considerados como una asociación de los ricos para oprimir a los pobres y para preservar para si mismos la desigualdad de los bienes que, de otra forma, sería destruída por los ataques de los pobres que, si el gobierno no se los impide, reduciría a los demás a una igualdad con ellos mismos mediante la violencia explícita".

Otro extraordinario acierto es resaltar el papel que tuvo la corriente antipsiquiátrica en la descalificación de los saberes científicos y las instituciones (especialmente las instituciones totales) y si bien la referencia a la obra de Franco Basaglia es tangencial, no por ello no deja de ser meritorio su recuerdo, realzado por citar cuatro de sus obras en la bibliografía.

Supongo que a esta altura del comentario habrán empezado a sospechar que quien lo escribe es uno de tantos (autoproclamados falsamente o no) herederos de la criminología crítica (herencia tan controvertida como la de Manubens Calvet, por cierto), muerta hace años y extendido su certificado de defunción un 6 de septiembre de 1992 por uno de sus conspicuos representantes, devenido en aquel momento en carcelero de cuello blanco.

En el gran vacío de textos de referencia "Historias de los pensamientos criminológicos" no se limita al tránsito por los lugares comunes, sino que abarca en su viaje por el tunel del tiempo desde el momento en que los estados empiezan a detentar (secuestrar si se quiere) definitivamente el poder de venganza de los particulares, hasta los debates más recientes.

Y es ahí donde encontramos otro de los grandes logros del libro de Anitua, por fin quienes tratamos (o trasegamos) "concimiento criminológico" a nivel de grado y post grado podemos ofrecer a nuestros alumnos un texto de referencia que abarque también y extensamente el arco temporal que va desde el surgimiento de la criminología radical allá en lo lejanos años sesenta hasta los planteos actuales, pasando por la criminología crítica, el realismo social de izquierda, el abolicionismo escandinavo y holandes, las politicas de "tolerancia cero", el minimalismo penal, etc.

Pero a título personal lo que realmente me fascina y quiero compartir con quines lean esta reseña es la aparición de muchos "buenos muchachos", parientes pobres generalmente olvidados, pero que nos permiten desde capilaridades de la práctica y el discurso, conocer la trama oculta de las "verdades científicas" de la criminología, y lo mejor, el falsario proceso histórico de construcción de las mismas.

Me ocuparé, presentados cronológicamente de tres: Rush, Cubí y el cubano Ortiz, nombres y rostros que para mi, inexplicablemente no suelen aparecer en la galería de criminólogos conocidos.

Anitua rescata la figura de Benjamin Rush (1745-1813) firmante de la Declaración de Independencia y "padre indiscutido de la psiquiatría norteamericana" (Szasz, Thomas, "La teología de la medicina", Tusquets Editores, Barcelona 1981, pag. 185),

Este nombre desconocido en el campo criminológico, no se limitó a una extensa práctica de control social medicalizado, sino que nos dejó otra perla para engarzar en el collar de las auto-explicaciones con la antes transcripta de Adam Smith al decir: "Los seres humanos considerados como criaturas hechas para la inmortalidad merecen todos nuestros cuidados. Concibámoslos como pacientes de un hospital. Cuanto más se resistan a nuestros esfuerzos por servirlos, más necesitarán nuestros servicios" (cit. en Szasz, ibid. Pags. 185-186).

Otro es mi paisano Mariano Cubí, a quien le cabe el "honor" (que solo le reconoce Zaffaroni) de ser primero en usar la expresión "criminal nato".

Anitua reseña la práctica profesional de este "sabio" buceando en un poco conocido libro de Josep Pla ("Un senyor de Barcelona"), donde Rafael Puguet, rancio representante de la segunda generación de burgueses catalanes típicos del siglo XIX (en la calificación no menos rancia de Vicens Vives), nos cuenta, entre otras cosas, como Cubí saqueó las billeteras de la burguesía catalana usando la frenología como ciencia infalible que incluso permitía orientar vocacionalmente a los jóvenes, en una forma que casi avergonzaría a los charlatanes de feria.

Estas excentricidades o las barbaridades escritas por el vernáculo Eusebio Gómez en "La mala vida en Buenos Aires", o los delirios lombrosianos (pobre el honor de las damas mendocinas que tuvo que salir a defender Drago), no son tratadas como rarezas anecdóticas, sino que se muestran como las brechas que nos permiten ver la forma en que discursos sin contenido se han convertido en verdades históricas: construyendo e imponiendo la verdad, formando las subjetividades, se ejerce realmente el poder.

Finalmente Fernando Ortiz, ese abogado, historiador y antropólogo que (casi al compás de la moda) migró desde un furioso lombrosianismo hasta (como hubiera podido calificarlo el ácido protagonista de "La Habana para un infante difunto") convertirse en la réplica habanera de Talcott Parsons (por lo menos Bronislaw Malinowski a eso apunta en el prólogo de "Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar"), y algunas de cuyas obras merecieron prólogos de Lomboso, Malinovski o Merton, también se asoma a las páginas de Anitua.

Autor del "Proyecto de Código Criminal Cubano" (con "juicio de Enrico Ferri", como reza la edición de La Habana 1926), representa al "sabio polifacético" que es capaz que considerar al negro como un primo hermano del mono mientras agita banderas contra el racismo y la xenofobia y muestra un erudito conocimiento del folclore afro-cubano.

Más allá de las modestas pretensiones que esboza el autor en la Introducción de la obra, la lectura de "Historias de los pensamientos criminológicos" y salvo que uno se aferre a las anteojeras que la ideología (penal) tradicional parece querer remachar en nuestras sienes, el recorrido histórico que nos propone Anitua consigue desmontar esas verdades (implícitas y explícitas) que se enseñorean de los discursos sobre la criminalidad y que podrían resumirse en las identificaciones pobre - delicuente y criminal - criminalizado.

No creo haber tenido éxito en reseñar debidamente el libro de Anitua pero por lo menos, me parece que queda claro porqué (a mi también) me hubiera gustado escribirlo y porqué "se trata de una obra que estabamos esperando hace mucho porque la necesitabamos desde mucho antes".