Derechos humanos según Vivanco y Human Rights Watch

Caracas, 19 Sep. ABN (Pablo Siris Seade).- José Miguel Vivanco, expulsado de Venezuela este jueves por la noche, parece tener una muy particular visión sobre los derechos humanos y los criterios para analizar sus violaciones o cumplimientos por parte de los Estados, pero eso no debería extrañarnos demasiado cuando el declarante ha sido -por ejemplo- funcionario diplomático de la dictadura de Pinochet y representa a una organización creada para servir de instrumento de propaganda durante la “guerra fría”.

¿Un caballero andante?

José Miguel Vivanco fue funcionario diplomático de la dictadura de Augusto Pinochet entre 1986 y 1989, nada menos que ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Al llegar la democracia se desvinculó de la función diplomática y fundó el Centro por la Justicia y el Derecho Inaternacional (Cejil, por su sigla en inglés) con sede en Washington. Desde septiembre de 1994 se desempeña como Director Ejecutivo de la Divisón Américas de Human Rights Watch (HRW).

Vivanco es un feroz enemigo de los gobiernos progresistas del continente, particularmente Cuba -país en el que plantea sin ambages que hay que derrocar al Gobierno- y Venezuela, al que llega con su “backing” de HRW a hacer declaraciones incendiarias cada vez que se acerca un proceso electoral en el país.

Este locuaz “defensor de los derechos humanos” escribió el 17 de mayo de 2006: “Para que los disidentes logren conquistar un espacio que les permita luchar por el cambio dentro de Cuba, hace falta una presión multilateral cuidadosamente dirigida al gobierno y no al pueblo cubano. Hay que encontrar un punto intermedio entre, en un extremo, la cooperación incondicional con el gobierno y en el otro, la política del aislamiento total que ha impulsado unilateralmente Estados Unidos durante décadas (que, al final de cuentas, favorece a Fidel Castro). El mayor temor de Fidel Castro no es la continuación del embargo, ni siquiera su levantamiento; sino la posibilidad de que Estados Unidos acuerde con sus aliados de América Latina y Europa una estrategia común para proteger y promover los derechos fundamentales del pueblo cubano. Una comunidad internacional unida tendría una autoridad política y moral mucho mayor frente al gobierno cubano que una dividida, como la ha estado hasta ahora”.

Pero la obsesión contra los gobiernos progresistas del continente, no es solamente de Vivanco, sino también de la organización para la que trabaja.

Un instrumento de dominación imperial

HRW fue creada en 1978 por el ala ubicada más a la derecha del Partido Demócrata norteamericano como un instrumento de propaganda anti-soviética durante la “guerra fría”. Su etapa de mayor influencia fue entre 1991 y 1995, donde esta organización “humanitaria” fue promotora y defensora de la Guerra de Yugoeslavia, que terminara con la fragmentación de ese país.

HRW parece más destinada a justificar conflictos bélicos e intervenciones norteamericanas, que a defender los derechos de ninguna persona.

De acuerdo con Marc Garlasco, analista militar de HRW, en Afganistán la fuerza aérea de EEUU ha perfeccionado tanto su puntería que ahora sólo mueren los “chicos malos” y que desde junio de 2007 no había visto “ningún suceso de bajas civiles” en ese país.

Garlasco, era el “supervisor de objetivos de alto valor” del Pentágono cuando empezó la guerra de Iraq en 1992. Lo que quiere decir que aprobaba las operaciones donde se preveía que iban a morir menos de 30 civiles, y pasaba a Donald Rumsfeld la aprobación de las operaciones cuyos “daños colaterales” superaran esa cifra.

Tom Malinowski, director de la Oficina de Washington de HRW, declaró que el objetivo de su organización “no es acabar con la guerra; se trata de cambiar la manera en la que los Ejércitos hacen la guerra”.

Entre los directivos de HRW se pueden encontrar ex funcionarios diplomáticos y legisladores norteamericanos, miembros de equipos de propaganda anti-soviética durante la “guerra fría”, ex funcionarios de inteligencia, grandes empresarios -incluso empresarios de la industria bélica-, pero pocos militantes del movimiento de derechos humanos.

Su principal financiador es George Soros, un multimillonario norteamericano nacido en Hungría, a quien se le adjudican movilizaciones masivas de recursos que provocaron -entre otras- la crisis financiera de México de los años noventa.

Venezuela, una obsesión

El 12 de abril de 2002, HRW divulgó un comunicado reconociendo “el derrocamiento del presidente venezolano Hugo Chávez Frías” y la amenaza que éste -a juicio de esa organización- representaba para “los derechos humanos y el estado de derecho”, y manifestó su preocupación por “la posibilidad” de que Chávez no hubiera dejado el cargo voluntariamente.

En el comunicado se expresaba reconocimiento de las “autoridades de transición” y se les solicitaba que “respetaran” las normas de derecho en sus acciones.

El ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, señaló: “Si revisamos la actuación de esta organización, vemos que dos meses antes del golpe de abril de 2002 ellos hicieron un llamado, alegando la falta de independencia de poderes, a que la Organización de Estados Américanos (OEA) tomará cartas en Venezuela y se invocará la aplicación de la carta interamericana”.

De igual manera, recordó que en el año 2003 esta organización desató una campaña feroz contra la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión siguiendo las órdenes y la línea política del departamento de Estado de EEUU.

“Ya basta, este Gobierno está decidido a defender la dignidad del pueblo de Venezuela, a proteger los intereses del país y a no permitir una nueva estrategia de desestabilización, en la cual HRW es una herramienta activa en todos estos esfuerzos por desestabilizar el país”, sostuvo.